Casillas, siempre Casillas
La fórmula magistral del Real Madrid que, si no lo han hecho ya, deberían patentarla para empezar a recibir derechos industriales, volvió a funcionar en La Catedral. Contundencia arriba, esta vez interpretada por Van Nistelrooy, y seguridad atrás, encarnada por el de siempre, que para algo es el mejor portero del mundo, Íker Casillas.
Cannavaro, ese personaje que juega en el Madrid y que, incomprensiblemente, ganó un Balón de Oro (no confundir con el capitán de la selección italiana, que es un pedazo de futbolista), se empeñó en regalar balones a los delanteros bilbaínos. Debe ser uno de los que quieren que Casillas consiga ser una leyenda del fútbol, si no lo es ya. Eso sí, al de Móstoles lo van a matar a disgustos.
El partido fue de ida y vuelta, con las delanteras más inspiradas que las defensas. Robinho volvía loco a Ustaritz y, en el campo contrario, Iraola hacía lo propio con Miguel Torres, que ocupaba el lateral izquierdo sustituyendo a Marcelo. Yeste era el amo y señor de la zona ancha y manejaba al Athletic con maestría pero, claro, enfrente estaba Casillas.
En la segunda parte llegó el único gol del partido, obra de Van Nistelrooy. Aitor Ocio perdió un balón tonto en defensa, presionado por Raúl. El balón le cayó al holandés que conectó un remate duro pero muy centrado. Incomprensiblemente, Aranzubía se lo tragó.
Hubo más ocasiones hasta el final del choque, tanto para los bilbaínos como para los merengues pero, los unos se toparon con Casillas, los otros con la justicia del fútbol, porque un resultado más amplio no hubiera reflejado la realidad.
Imagen: As
Escrito por Antonio López |
9 de Diciembre de 2007 con
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